El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tenía grandes esperanzas para 2014. Tras años de esperar que el Congreso compartiera su punto de vista, el presidente perdió la paciencia. Así que comenzó el año declarando que éste sería un «año de acciones». Casi retando a los legisladores a pararle, avisó al país de que pensaba emplear todos los poderes ejecutivos a su alcance para sacar sus medidas adelante.
«Estados Unidos no se detiene, y yo tampoco», dijo en su discurso de Estado de la Unión en enero.
Obama mantuvo su palabra, al menos en inmigración, cambio climático y las relaciones con Cuba, cambiando el rumbo de políticas estadounidenses iniciadas hace décadas y que, afirmó, habían sobrepasado su era. En un revuelo de decretos ejecutivos tomados por encima de los legisladores, Obama añadió muescas a su legado y cumplió algunas promesas electorales por el camino.
Otras iniciativas se quedaron en nada, nunca comenzaron o tuvieron un efecto modesto. En economía, el presidente encontró que su capacidad de tomar medidas unilaterales se limitaba a los detalles.
A continuación, un vistazo a cómo empleó Obama las medidas ejecutivas en 2014:


