INFORMATIVO AL DÍA,03 de noviembre Entre todos los problemas que aquejan al sector El Tamarindo, en Santo Domingo Este, hay dos que mantienen a los residentes en permanente desesperación: el arreglo de la cañada principal y el alfombrado de las calles. Los moradores reclaman soluciones urgentes, pues ambas situaciones generan múltiples dificultades y afectan su calidad de vida.
Las imágenes del lugar evidencian con claridad la magnitud del problema. El cabildo lleva meses trabajando en el encajonamiento de la cañada, que atraviesa la calle principal, con el objetivo de evitar desbordamientos. En el área se construye un pequeño puente, casi terminado, pero que aún no ha sido abierto al tránsito.
Según los residentes, solo falta la capa final de asfalto para habilitar el paso, pero las constantes lluvias han impedido que los trabajos concluyan. Mientras tanto, el entorno se ha convertido en un lodazal, lleno de tierra y desperdicios, que dificulta el paso de peatones y vehículos.
Las persistentes precipitaciones de las últimas semanas han provocado retrasos significativos, y ante el malestar de la comunidad, las autoridades municipales improvisaron un paso provisional y estrecho para el tránsito vehicular y peatonal. Sin embargo, la medida ha resultado insuficiente, ya que los conductores deben desviarse o esperar largos minutos para poder cruzar.
En la vía principal, los contenes recién colocados dejan montones de escombros que estrechan aún más el camino, provocando congestión, pérdidas de tiempo y riesgos de accidentes. “Esto se ha vuelto un calvario”, lamentan los choferes y residentes, quienes aseguran que dos vehículos no pueden cruzarse al mismo tiempo sin quedar atascados en el fango.
En las zonas internas del barrio, la situación no mejora. Las calles están inservibles, llenas de hoyos, lodo y basura. En la comunidad de El Margara, ubicada en la parte baja, el problema es aún más grave: las vías prácticamente han desaparecido y el río Ozama, que pasa por el fondo, se desborda con frecuencia, inundando viviendas y negocios.
Los moradores aseguran que, además del riesgo material, existe una amenaza constante para la salud y la seguridad de las familias, especialmente cuando el río crece y el agua se mezcla con desechos.
Ante la situación, los comunitarios exigen al Ayuntamiento de Santo Domingo Este y al Ministerio de Obras Públicas acelerar los trabajos y brindar soluciones definitivas a los problemas de drenaje, asfaltado y saneamiento, que llevan años afectando al sector.
“El Tamarindo necesita ayuda urgente. Aquí la gente no puede caminar, los carros se dañan y cuando llueve, todo se inunda. Vivimos en medio del fango”, expresó un residente.
Mientras tanto, las calles siguen rotas, la cañada incompleta y el barro acumulado, reflejando un panorama de abandono y frustración que se traga lentamente al Tamarindo.





