Cuando los pandilleros le incendiaron su casa, la hondureña Carla Boquín tuvo claro que si no quería que sus cinco hijos corrieran la misma suerte que otros familiares suyos, asesinados por estos grupos delictivos, tenía que abandonar el país.
No le faltaba razón. Los autores del siniestro de su domicilio le dijeron que su objetivo era «matar a todos» los miembros de su familia. Además de los cinco que ya habían asesinado.
«El 22 de noviembre me entregué con los niños a la Patrulla Fronteriza en El Paso, Texas, y en el albergue me sentí tan segura con mis niños que de ahí no me quería ir», señaló a Efe la mujer, de 30 años y cuyos hijos tienen edades entre 1 y 12 años.
Ahora, desde Los Ángeles (EE.UU.) y con ayuda de abogados locales, espera ver aprobada su solicitud de asilo en Estados Unidos, por razones de «miedo creíble», aunque en esta ciudad aún se encuentra temerosa por las filiales de los grupos pandilleros centroamericanos.
«Desde 2007 me han matado tres hermanos, una hermana está desaparecida que de seguro ya está muerta, mataron a mi papá también y ahora nos quemaron la casa», relató Boquín, originaria de San Pedro Sula.
«Mi mamá resultó quemada de una pierna en el incendio, es diabética, y por no poder caminar no se vino con nosotros y tengo miedo de que me la vayan a matar», alcanzó a explicar antes de romper en llanto.
Una vez en suelo estadounidense, Boquín y sus cinco hijos fueron reclamados por un primo en California ante las autoridades de la Oficina de Control de Inmigración y Aduanas (ICE).
Yanci Montes, abogada de la organización El Rescate, la cual defiende el caso de la hondureña, dijo a Efe que «todas las personas que han sido amenazadas o son víctimas de grupos criminales» y emigran a EE.UU. «son elegibles para asilo».
«La familia Boquín calificaría por ser miembros de un grupo social particular, que son personas víctimas de grupos criminales», precisó.
Leoncio Velásquez, presidente de la organización Hondureños Unidos de Los Ángeles (HULA), pidió a las «muchísimas personas» que emigran del triángulo norte centroamericano (El Salvador, Guatemala y Honduras) no dudar en solicitar ayuda a las organizaciones comunitarias.


