Wanda Serrano llegó al hospital público más importante de Puerto Rico justo antes del amanecer para llevar a su hijo de 17 años a una cita. Seis horas después, ambos seguían en una abarrotada sala de espera con la esperanza de ser atendidos por un doctor.
Habían asistido al Centro Médico de San Juan para ver a uno de los muchos especialistas que el joven necesitaba para tratar su esclerosis tuberosa, una enfermedad genética que puede causar tumores en el cerebro, riñones y otros órganos. Sin embargo, cada vez es más difícil encontrar médicos especializados en una isla sumida en profundos problemas económicos.
Pasar seis horas en la sala de espera ya no es la excepción, sino la regla. Un neurólogo pediátrico le dijo hace poco a Serrano que su hijo, Cedrik, necesitaba esperar diez meses para ser atendido.
«Uno vive aterrorizado todos los días», dijo Serrano hace unos días mientras se aferraba a su historial médico y volteaba ansiosamente al pasillo en espera de que apareciera un enfermero o un doctor. «Uno se siente impotente. Eso es no poder hacer nada y esperar a que llegue la fecha».
Los médicos han abandonado Puerto Rico gradualmente durante una recesión que ya ha cumplido una década y que tiene asfixiada a la isla, llevando a más de 200.000 personas a emigrar a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades.


