Lo que inclina la balanza sobre quién gana o quién pierde un debate entre los candidatos presidenciales de Estados Unidos no es el que mejor lo hace, sino quien cometió el mayor error.
Los errores, desde la negativa de Nixon a maquillarse o haber acudido al debate con profundas ojeras, hasta la agresividad de al Gore, que en medio del debate se aproximó demasiado a George Bush, han mostrado que el trofeo se lo lleva quien no mete la pata.
De manera que, si sacan provecho de los errores de sus antecesores, los aspirantes a la Casa Blanca, Donald Trump y Hillary Clinton evitarán repetir los fallos que hicieron perder los debates ante la opinión pública a otros contendores. Y ganar el debate es importante. Quien gana, también gana la presidencia.
Los ojos de Estados Unidos, y de gran parte del mundo, estarán hoy pendientes de la actuación de estos candidatos en el evento televisado con mayor nivel de audiencia –superado solamente por el Super Bowl-. Por eso todos están pendientes a qué dirán, qué harán y cómo actuarán los candidatos.
Vamos a darle una manita a Hillary y Donald al recordarles los fallos históricos en los debates televisados de los Estados Unidos:



