Mucha gente es llevada a creer que la muestra más evidente de riqueza de un país lo constituye su poderío tecnológico. Pocas personas se detienen a pensar en que el crecimiento científico y el de la nanotecnología descansan sobre una base esencial de adquisición y desarrollo de los recursos humanos. El presente y el futuro de una nación dependen de su capital humano.
De nada sirve poseer costosos equipos modernos si no contamos con técnicos y profesionales capacitados en el uso apropiado, interpretación y cuidado de los mismos. Son las necesidades sociales las que crean las condiciones para que se requiera de determinada maquinaria o programa de informática. De ahí la importancia de capacitar al personal competente para el uso provechoso de los grandes avances en el campo de la ciencia del siglo XXI.
En República Dominicana es común ver equipos médicos obsoletos y abandonados que fueron adquiridos a través de préstamos.
Uno piensa retrospectivamente cuál sería la situación si esos recursos financieros hubiesen sido invertidos en apoyar la capacitación y entrenamiento de técnicos y profesionales científicos del área sanitaria y de la investigación forense nacional. Sin embargo, a pesar de esa dolorosa reflexión, tenemos razones de peso para sentirnos optimistas.
Cada año le entregamos a la sociedad una pléyade de mujeres y hombres entrenados adecuadamente para el ejercicio de la práctica médico legal. Al finalizar el ciclo académico 2012-2016 entregamos nueve especialistas médico forenses dispuestos a reforzar el campo de investigación de lesiones y de muertes violentas que se generan en todo el territorio nacional.



