La macrobiótica agrupa una serie de principios que nos permiten diseñar la dieta que más equilibrio nos aporte. Estos principios proceden del análisis de los pueblos antiguos y en especial aquellos que han demostrado tener más salud y vivir más (1).
Hace décadas no existía la posibilidad de poder elegir aquello que iba a estar en nuestro plato. El lugar en que nacíamos marcaba el contenido de gran parte de nuestras vidas: trabajo, relaciones y también la dieta.
Hoy en día tenemos ante nosotros todo un mundo de alternativas entre las que elegir y la macrobiótica nos sirve de guía y nos aporta sentido común para hacerlo.
Su nombre procede de dos palabras griegas: “macro” que significa “largo” y “biótica” que significa “vida”. Por tanto, una disciplina que nos ayuda a estar más sanos y vivir más.
Los alimentos y proporciones que recomienda la macrobiótica son los que siguen:
- Cereales integrales, sobre todo en grano. Un pequeño porcentaje de derivados (pan, pasta, cuscús, bulgur, copos).
- Verduras, tanto en forma de ensaladas como cocinadas, al vapor o bien con métodos más largos.
- Legumbres, principal fuente de proteínas vegetales.
- Fruta, sobre todo la de estación. Mejor las piezas de fruta que los zumos.
- Pescado como principal fuente de proteína animal.
- Frutos secos, semillas y aceites como el aceite de oliva virgen extra.
- Consumo responsable de lácteos y carne.
- Pequeña cantidad de condimentos y alimentos fermentados como el chucrut o el miso.


