Siria celebrará elecciones legislativas mañana para renovar los 250 escaños del Parlamento unicameral en las zonas bajo control de las autoridades y en medio de un alto el fuego, que ha reducido los niveles de violencia en el país.
En Damasco se respira un ambiente electoral con infinidad de carteles de los distintos candidatos que inundan cada rincón de la ciudad.
Llaman la atención las numerosas caras de jóvenes y de mujeres, que se ven en los pósteres electorales, que conviven con los carteles omnipresentes del presidente sirio, Bachar al Asad.
La calma ha reinado en los últimos días en la capital, donde prácticamente ha desaparecido el ruido de combates en la periferia y los disparos de proyectiles de mortero desde el extrarradio.
No obstante, la seguridad es extrema con puestos de control militares, que registran el interior de los vehículos y vigilan cualquier movimiento sospechoso.
Los edificios institucionales, como la sede del Parlamento, también están blindados frente a cualquier intento de ataque con una importante presencia castrense en sus accesos y en calles aledañas.
En un banco de un parque en el barrio damasceno de Al Hamra se sienta con la mirada perdida Intisar, de 58 años. Lleva sin saber nada de su hija desaparecida desde hace cinco años y ve estos comicios con optimismo.
«El ambiente ha mejorado mucho. Espero que Dios permita que todo el mundo pueda volver algún día a sus casas», dice esta mujer a Efe.
Ella espera que las elecciones sirvan para que los refugiados fuera del país puedan regresar y que «la situación vuelva a ser como antes (de la guerra) e incluso mucho mejor».


