En Madaya «hay gente pero no hay vida», según describieron hoy las agencias humanitarias de la ONU que ayer entraron con un convoy humanitario en esa ciudad siria sitiada por las fuerzas del régimen, donde viven 42.000 personas «desnutridas y en una situación desesperada».
Naciones Unidas y la Cruz Roja lograron acceder ayer a Madaya, donde no había llegado ayuda humanitaria desde octubre, y la situación que encontraron fue «terrible», en palabras de Hajjad Malik, representante de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Siria.
«En Madaya hay gente pero no hay vida, la situación es horrible: no hay comida, no hay luz, no hay calefacción con temperaturas bajísimas», denunció Malik en teleconferencia desde Damasco.
«Los niños han tenido que ir a buscar hierba para alimentarse, y sabemos al menos de un par de casos de menores que han perdido sus extremidades al saltar sobre una mina antipersonal», agregó Malik.
El riesgo de las minas antipersonales fue citado en rueda de prensa por los portavoces de otras agencias, Unicef, Programa Alimentario Mundial (PAM), Organización Mundial de la Salud (OMS), que también participaron del convoy, y que confirmaron las denuncias de malnutrición generalizada.
Nadie pudo contabilizar las muertes por hambruna o el nivel de malnutrición -severa o aguda- padecido por la población, dado que en las horas que estuvieron en la ciudad no tuvieron tiempo de hacer una análisis nutricional completo.
Lo que sí pudo decir Elisabeth Hoff, representante de la OMS en Siria, es que los tres doctores presentes en la ciudad, confirmaron la muerte de varias personas por hambruna, sin poder, sin embargo, dar números exactos.


