En los últimos años las series televisivas y telenovelas han basado sus historias en temas relacionados al mundo del narcotráfico. República Dominicana ya se ha hecho eco de las producciones de este renglón, un ejemplo fue “El rey de Najayo” (2012) basada en la vida del fenecido narcotraficante, Rolando Florián Félix.
Este año se suma otra cinta de este tipo a la lista de películas locales. Se trata de “Oro y polvo”, un filme que cuenta con un personal técnico y actoral criollo de un 80% e internacional de un 20%. Está protagonizada por el actor mexicano Rafael Amaya y la colombiana Carolina Guerra.
Amaya resalta el auge que ha tenido la industria del cine en los países latinoamericanos e inclusive la presencia de actores de estas naciones en series norteamericanas. “Los latinos están en todas las producciones de Estados Unidos”, indicó.
Aunque comprende que en muchas películas no utilizan actores del país que trabajan en dicha cinta, por lo que provoca una distorsión en el acento del personaje que interpretan. Esto influye de forma negativa en la percepción del público de la misma.
“Imagínate la confusión que causa ver, por ejemplo, a un argentino tratando de imitar la forma de hablar de un dominicano. Entiendo que cada personaje debe ser nativo del país que representa”, reveló el actor conocido por su papel de Aurelio Casillas en “El señor de los cielos”.
Sobre el cine de RD
El actor mexicano que ha formado parte de grandes proyecciones, resalta el avance del cine local. Para él, la calidad de las producciones cinematográficas ha sido un detonante para su expansión: “México era considerado el ‘Hollywood de Latinoamérica’, pero ahora República Dominicana va encaminada hacia esa posición. Además los actores dominicanos, desde hace años esperaban que esto sucediera”, dijo.
Amaya se refirió a este tema debido a las facilidades que brinda el país para la inversión en el cine, con respecto a las locaciones, equipo técnico y cuerpo actoral.
Críticas hacia las narconovelas
En torno al fenómeno de las narconovelas han surgido cientos de comentarios, tanto positivos como negativos, sobre la influencia que tienen en la población, en especial, en los jóvenes.
Sobre el aspecto negativo Amaya señala que estas producciones son historias ficticias basadas en hechos reales y que no deben ser vistas por menores de 18 años. “Los jóvenes deben educarse antes de observar estas historias, leer sobre la realidad mexicana y verlas de forma objetiva. Y no es responsabilidad de los actores sino de los padres que deben velar por lo que sus hijos ven”, recalca.
Además agrega que los actores, antes de sumergirse en historias como estas, deben realizar investigaciones profundas sobre el mundo del narcotráfico. En su caso, confiesa que realiza desde lecturas de libros y periódicos sobre los carteles y los sicarios, hasta viajes por varios meses a lugares que vivieron de cerca las influencias y secuelas de este círculo rodeado de drogas, violencia, muerte y traición.

