El Cuarteto para el Diálogo Nacional en Túnez, galardonado hoy con el Premio Nobel de la Paz, se formó en 2013 como elemento integrador en medio de una crisis económica que amenazaba con arrastrar los éxitos de la llamada “revolución del jazmín”.
La Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT), la Patronal (UTICA), la Liga Tunecina de Derechos Humanos (LTDH) y la Asociación de Magistrados llegaron a la conclusión de que el alzamiento languidecía, amenazado igualmente por el conflicto político latente y el resurgimiento del yihadismo.
La señal de alarma fue el asesinato en febrero de 2013 del líder político de izquierda Chokri Belaïd, al que siguió en julio el de su colega Mohamed Brahmi.
A esas alturas, la troika (integrada por los islamistas de Al Nahda y el centro derecha representado por el CPR y el partido Ettakatol) que trataba de conducir el timón de la transición había perdido el apoyo de la calle.
Y el salafismo, al que se acusa de los citados ataques, campaba a sus anchas en mezquitas, escuelas e instituciones. Partidos como Ansar al Sharia, ahora ilegalizado y señalado como el alma detrás de los atentados que este año mataron a 60 turistas extranjeros, logró ese año reunir a miles de personas en una demostración de fuerza en la histórica ciudad de Kairaoun, en el centro del país.

