Casi la totalidad de la población dominicana, desconoce la efectividad de un programa de extensión agrícola, bien planificado y realizado.
En el 1962 se inició en el país y por primera vez un trabajo de extensión agrícola, el cual comenzó en el municipio de Baní (en la comunidad de “Escondido”) y se extendió a gran parte del país hasta 1967, cuando comienza a desintegrarse por razón de políticas partidaristas.
En esos cuatro años se formaron miles de asociaciones de jóvenes de ambos sexos, asociaciones de agricultores y de amas de casa, así como también asociaciones deportivas y grupos de intereses económicos (de avicultores, porcicultores, criadores de vacunos, etc.).
La importancia de un trabajo de extensión agrícola bien elabora está en lo siguiente: antes de comenzar el trabajo propiamente de extensión, se debe hacer un estudio socioeconómico para saber la problemática existente en toda el área de la comunidad rural donde se desarrollará el trabajo.
El estudio va a reflejar el nivel educativo de la población, la existencia de líderes locales, los problemas de salud, nutrición, cultivos principales, plagas y enfermedades. Con los resultados de la tabulación del estudio, más visitas a toda el área de la comunidad para determinar la fertilidad de los suelos, las fuentes de agua (ríos, cañadas, manantiales, profundidad de la capa freática), pluviometría de la zona, temperatura, altura sobre el nivel del mar, se tendrá un retrato completo de la comunidad.
Después que los extensionistas tienen todos esos datos, es que se comienza a preparar el programa de trabajo, el cual tiene una duración de 3 a 5 años. Después de tener listo el programa de trabajo, éste se desglosa en 3 ó 5 planes anuales de trabajo. Los planes anuales se desglosan en planes mensuales, tomando en cuenta los problemas prioritarios, es decir aquellos que están afectando más a los pobladores de la comunidad. Hay que resaltar que los verdaderos extensionistas trabajan con planes reales, basados en los problemas y necesidades sentidos por la población.
Crecimiento desproporcionado
Las empresas propias de la zona rural, la ganadería, la agricultura y la foresta, requieren para ser rentables comercialmente, de grandes extensiones. ¿Qué ocurre cuando la población rural crece desproporcionalmente? Simplemente las parcelas agrícolas se van achicando por las distribuciones familiares de la herencia y por otros motivos, lo cual convierte a esa extensión de terreno en inadecuada para la explotación agrícola. Solamente podrían ser rentables la cría de ganado de diferentes especies, de forma estabulada, la aplicación de la técnica de los invernaderos, para el cultivo de vegetales de gran calidad, el cultivo de vegetales orientales y los cultivos hortícolas en general, pero estos requieren también de mucho capital y de un paquete tecnológico muy sofisticado y costoso.
La reubicación de los pobladores de zonas donde se construyen presas es un ejemplo de que es posible trasladar a familias y a toda una comunidad hacia otros lugares donde puedan vivir sin afectar al medio ambiente, construyendo las viviendas en terrenos no apropiados para la agricultura.
Los asentamientos agrícolas que ha realizado el Estado de Israel, tienen mucho que enseñarnos sobre el uso de la tierra y la mejor ubicación de las viviendas. Utilizan los israelíes en muchos de sus proyectos, el asentamiento circular, el cual contempla la construcción en el centro del proyecto, las viviendas de los asentados.
De esta forma logran varios objetivos a la vez: a) las viviendas no interfieren en la mecanización y el mejor aprovechamiento del terreno, b) la población está concentrada en un lugar, lo que logra una mejor integración de sus miembros, c) se facilita la dotación de servicios de agua, luz, cloaca, educación, salud.
Pocas tierras
El país, según han manifestado las autoridades de la Reforma Agraria, dispone de muy pocas tierras para continuar con los asentamientos, por lo que hay que tratar de que las construcciones en terrenos eminentemente agrícolas no continúen, esto en toda la geografía nacional.
Una población alta en la zona rural trae innumerables problemas, siendo el principal el deterioro de la ecología. Al no poder ofrecer trabajo a todos, en las únicas empresas en que se desarrollan en la zona rural, como indicamos son: agricultura, foresta y ganadería.
Los pobladores comienzan por cortar árboles para diferentes fines y pegar fuego a zonas montañosas para prácticas agrícolas anticuadas.
Esto hace que se produzcan fuertes erosiones en esos suelos desprovistos de la protección vegetal. De esta manera se pierde la capa vegetal, lo cual toma varios años para recuperarla. Una consecuencia muy negativa de esta situación es la incapacidad de esa zona montañosa de retener el agua proveniente de las lluvias y de crear las condiciones climáticas para que ésta se produzca con más frecuencia.
Una población alta en el campo no asegura la suficiente mano de obra para las labores agrícolas, porque por lo general no quieren trabajar en la agricultura. Se dedican a motoconchar, a vender billetes o chucherías y esa población inculta y ociosa fomenta la arrabalización, la delincuencia, la contaminación y muchas otras acciones negativas para la sociedad rural. Algunos países que tienen poblaciones altas en la zona rural y que padecen un deterioro progresivo de su ecología son: Haití, Bangladesh, Somalia, Etiopía, entre otros. Haití tiene un 61% de su población en la zona rural y para completar la negatividad de ésta situación, más de un 51.3 % es analfabeta. Es decir que Haití tiene cerca de 6 millones de habitantes viviendo en la ruralía.
Propuesta
República Dominicana presenta la siguiente situación en la zona rural: la población nacional es de 10 millones de habitantes, de los cuales un 26.5% vive en la zona rural, o sea unos 2.6 millones. En cuanto al analfabetismo según las estadísticas, el país tiene un 10.5%. Pero en la zona rural, la situación es muy distinta. Hemos realizado estudios socioeconomicos en la zona rural de Santiago, Constanza, Moca, La Vega, y la situación es alarmante. Se podrían promediar los resultados en 35% de analfabetos, en esas zonas rurales específicas y muy cercanas a la zona urbana de los pueblos citados. El crecimiento poblacional del país ha bajado considerablemente, teniendo presente que en los años de la década del 60 el crecimiento llegó a situarse en 3.5% y hoy día está en 1.25%. Es decir que Haití y República Dominicana muestran por lo menos un dato positivo y muy importante en relación al crecimiento poblacional, ya que Haití, como habíamos señalado, está en 0.88%. Esto significa que los programas de planificación familiar desarrollados por las ONG y el Gobierno han sido efectivos, como también los movimientos migratorios.
El programa de desarrollo rural que debe aplicarse en el país debe abarcar toda la problemática de la zona rural, teniendo en cuenta las prioridades de ciertos problemas. Muy diferente a como piensan algunos planificadores, a los que quizás le hace falta conocer más sobre la zona rural, más bien haber trabajado y haber vivido en la ruralía, para comprender mejor, la compleja situación existente.
Se debe trabajar con grupos, pero antes de organizarlos es bueno conocer bien la problemática existente. Lo primero que se debe poner en práctica es un estudio socioeconómico a toda la población involucrada. Luego de la tabulación de los datos, se debe seguir indagando sobre el liderazgo existente, la fertilidad de los suelos, la existencia de agua en el subsuelo y de otras fuentes, la situación ecológica, las condiciones físicas del suelo, la salinidad tanto del agua como de los terrenos, las plagas en los cultivos. Después de tener estos datos y conociendo bastante bien la zona donde se va a trabajar, se comienza a elaborar el programa de trabajo.
Muchos creen que en nuestro país no se deben organizar grupos, porque eso era de los años 60, que ya nuestra sociedad está en otra situación. Eso es totalmente falso, deben organizarse clubes de agricultores, clubes de jóvenes masculinos y femeninos y clubes de amas de casa.
También clubes de grupos de intereses económicos, sociales y culturales. Estos clubes comenzaron a organizarse en los Estados Unidos en el 1914 y todavía persisten en ese gran país del norte. Lo que ha faltado en nuestras instituciones es la continuidad, cada nuevo ministro de Agricultura introduce cambios al sistema de extensión agrícola, hasta llegar a la situación presente, donde ha desaparecido totalmente como programa de desarrollo rural.
Siempre hemos dicho, que un programa de desarrollo rural como el de extensión agrícola, debe tener autonomía. Además de esa autonomía debe estar asociado a las estaciones experimentales de investigaciones agrícolas, como el Instituto Dominicano de Investigaciones Agropecuarias y Forestales (IDIAF) y a la Universidad del Estado.
En estos momentos en que la Universidad Autónoma de Santo Domingo tiene delegaciones en todas las regiones del país, también el IDIAF está desarrollando un programa de investigaciones en toda la nación, se podría realizar una efectiva coordinación entre las tres Instituciones: Extensión Agrícola, el IDIAF y la UASD.
La autonomía es quizás el punto más importante en un programa de desarrollo rural. Es la forma de lograr que personas con vocación y buena capacitación técnica puedan hacer carrera en esta especialidad. De lo contrario, cada 4 años vamos a ver entrar y salir un paquete de personas, activistas políticos, que echarán por el suelo todo lo planificado y realizado en beneficio del desarrollo rural.
El autor es ingeniero agrónomo con maestría en Extensión y Educación Agrícola de la Universidad de Puerto Rico y master en enseñanza superior de la UASD.

