MADRID.- Existe una recomendación de salud tradicional china, conocida comohara hachi bu, que consiste, más o menos, en comer solo hasta que se esté lleno al 80 %. Aunque solo sea por casualidad, esta tradición milenaria parece tener respaldo en la ciencia. Hasta ahora, la única intervención con eficacia demostrada para extender la longevidad en modelos animales consiste en reducir las calorías ingeridas sin llegar a la malnutrición.
Por ahora, la utilidad de este tratamiento para vivir más no se ha probado en humanos, pero es una vía de investigación que despierta mucho interés. Ahora, un equipo de investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard (HSPH, de sus siglas en inglés) ha identificado en ratones un mecanismo molecular clave que puede ayudar a explicar por qué comer menos puede prolongar la vida.
Desde hace tiempo, se ha observado que uno de los efectos positivos de la restricción calórica se produce porque protege a las mitocondrias, las centrales energéticas de las células, de la oxidación. El mecanismo protector de estas piezas esenciales del organismo sería el sulfuro de hidrógeno (H2S). Experimentos con células, moscas o gusanos han mostrado que si se les suplementa con H2S o se les da algún medio para generarlo, aumentan su protección frente a daños como el que produce el estrés oxidativo y, en el caso de moscas y gusanos, se prolonga su existencia. A la inversa, cuando se anula la capacidad de las células para producir H2S, se produce el efecto opuesto.

