Con el paso de los tiempos hay patrones que van cambiando y realidades que mejoran. Hace tiempo, una persona con discapacidad no se arriesgaba, su vida se encerraba en esa condición.
Ahora, hay ejemplos que demuestran que el potencial de estos seres es incalculable.
Según la Encuesta Nacional de Hogares y Propósitos Múltiples (ENHOGAR 2013), publicada en el mes de abril de este año, el 7% de la población dominicana tiene algún tipo de discapacidad, mientras que el 66 % no trabaja, siendo los problemas visuales la principal afección. El número de personas afectadas por esta causa es de 268,594.
De 9,468,410 habitantes que tiene el país (de acuerdo al censo 2010), 708,597 padecen alguna discapacidad, siendo el 51.7% masculino y 48.3% femenino, especifica la encuesta ENHOGAR.
Ayudar a los demás es el motor de su vida
A los 15 años sus piernas dejaron de funcionar; mas su capacidad mental y disposición de perseguir sus propósitos no. Cada vez se hacía más robusta la seguridad que albergó de que podía ir por la vida persiguiendo sus anhelos, sin que su silla de ruedas le causara algún complejo o fuera una limitación.
Su sonrisa es brillante y su capacidad de ayudar a los demás no tiene fronteras.
Natali Vásquez Baldera cumple 27 años en enero próximo, tiene una relación de unión libre, que de tan solo mencionarla su risa sale a flote, producto de la emoción que le provoca estar enamorada.
Se escucha feliz con todo lo que ha logrado en su vida.
Su historia
La inmovilidad de sus piernas es producto de una distrofia muscular, enfermedad hereditaria que produce debilidad de los músculos estriados, condición con la que nació y empezó a desencadenar secuelas en su cuerpo a los 10 años de edad.
“De cierta forma no fue tan frustrante porque de alguna manera uno se iba adaptando a los cambios que iban ocurriendo lentamente en tu cuerpo. Cuando yo estaba en silla de ruedas ya yo sabía que eso venía y me fui preparando mentalmente para superar los obstáculos”, relata la joven.
Es cuidada y admirada por muchos en su natal Nagua, donde reside y desarrolla cada escenario de su vida.
Con su dulce voz, define la discapacidad como una dificultad que sufre una persona, diferente a las de los otros seres humanos. “Discapacidad no significa limitante para desarrollarte o ser quien uno quiera ser en la vida”, aclara.
Se graduó en el 2011 de licenciatura en Derecho en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), recinto de Nagua, con el índice más alto de su promoción. Empezó a ejercer de inmediato la carrera que desde siempre le robó toda su atención, con el apoyo de su padre, quien tiene un bufete de abogados en esa localidad.
“Fue algo difícil, puesto que una persona ejerciendo el derecho desde una silla de ruedas, todo el mundo la mira y la discrimina por entender que no está apta o capacitada para ejercer la profesión”, rememora.
Demostrarle a la sociedad que no hay limitaciones para ser profesional y poder vivir de esa carrera, siempre y cuando la persona se encuentre capacitada mentalmente, fue un desafío que ella pudo vencer.
“Me siento muy bien. Seguimos actualizándonos dentro de la misma profesión y trabajando en el área que nos gusta”, manifiesta. Una prueba de esto es la maestría que realizó en procedimiento civil, en la Universidad Católica Nordestana.
Fundación
Emprendedora, alegre y entusiasta son cualidades que le permitieron a Natali ser presidenta y fundadora de la Fundación “Vida sin barrera”.
La organización nace para mostrarle a aquellos, que se alejan de sus sueños, porque padecen alguna discapacidad, y se sienten inútiles y rechazados, que sí se puede.
También para concienciar a la gente sobre el trato que ameritan las personas con discapacidad, sus necesidades y potencialidades, pues se convierte en un móvil para que la sociedad vea sus capacidades y no los discrimine por algún defecto físico. En el 2013, Natali recibió el Premio Nacional de la Juventud, por su trayectoria y aportes a los jóvenes.

