Por Dinamarca Reynoso
INFORMATIVO AL DIA.-La historia política dominicana nos obliga a mirar con responsabilidad lo que han sido los gobiernos del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y del Partido Revolucionario Moderno (PRM), desde Antonio Guzmán Fernández hasta Luis Abinader.
Cinco mandatos y cinco presidentes. Esa es la trayectoria que hay que evaluar por lo que hicieron, por lo que dejaron y por cómo les fue a la gente.
Antonio Guzmán Fernández (1978-1982) terminó su gobierno con la muerte en el Palacio Nacional el 4 de julio de 1982. Su gestión hay que verla en el momento que le tocó, después de la salida de Balaguer.
Jacobo Majluta (4 de julio al 16 de agosto de 1982) estuvo 43 días. Le dijeron “el milagro de los 43 días” por las medidas que tomó para bajar los precios de la comida y otros artículos básicos. Muchos economistas y críticos de entonces dijeron que esas medidas no se podían sostener y que dejaron el fisco comprometido.
Salvador Jorge Blanco (1982-1986) gobernó en plena crisis, con acuerdo con el FMI y con las protestas de abril de 1984 que se conocen como La Poblada. Después enfrentó un proceso por corrupción en compras de las Fuerzas Armadas.
Hipólito Mejía (2000-2004) tuvo que lidiar con la crisis bancaria de 2003. El peso se fue para abajo, la inflación se disparó y la gente perdió confianza en los bancos.
Luis Abinader (2020-2024 y 2024-2028) llegó en medio de la pandemia. Sus dos gobiernos hay que mirarlos en la deuda, en el costo de la vida, en la seguridad, en los servicios, en la producción y en la transparencia.
En agosto de 2026 la deuda del sector público no financiero estaba en US$67.649,7 millones, un 46,6 % del PIB, según la Dirección General de Crédito Público. No basta con ver el número. Hay que ver si se puede pagar, cuánto cuestan los intereses y en qué se usó el dinero.
Cada gobierno tuvo su momento y sus problemas. No se puede mezclar denuncia con lo que está probado. Pero la gente tiene derecho a comparar, a ver quién responde por qué y a pedir cuentas del dinero público.
Una reflexión necesaria
La historia no es solo para recordar nombres y fechas. Sirve para entender cómo las decisiones de un gobierno se sienten en el trabajo, en los precios, en el ahorro, en la producción y en cómo vive una familia.
Mirar el pasado es obligación de la gente. Mirar el presente pide datos. Y el futuro se construye con memoria y con cuentas claras.
Este país necesita un debate político basado en hechos que se puedan comprobar y en números que se puedan comparar.
Hay un dicho: “no hay nada tan malo que no tenga algo bueno”. Todos estos gobiernos tuvieron algo. Pero cuando se pone lo bueno y lo malo en la balanza, en los gobiernos del Partido Blanco pesa más lo malo. El desorden, la inestabilidad y el alto costo de la vida terminan tapando lo que pudieron haber hecho bien.
¡El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla!




