SAO PAULO. La ecologista Marina Silva pasó en poco más de un mes de ser la sombra del aspirante socialista a la Presidencia de Brasil, Eduardo Campos, muerto en un accidente aéreo en agosto, a sucederle como candidata y revolucionar por completo el escenario político de cara a los comicios del 5 de octubre.
En un país polarizado en las últimas décadas entre el Partido de los Trabajadores (PT), del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, y el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), de Fernando Henrique Cardoso, Silva irrumpió de forma inesperada en el escenario electoral como una alternativa sólida a esas formaciones.
Profundamente religiosa y defensora acérrima de la Amazonía, la exsenadora figuraba como candidata a la Vicepresidencia en la fórmula de Campos hasta su trágica muerte el 13 de agosto y ahora, con las riendas del Partido Socialista Brasileño (PSB) en sus manos, es la principal amenaza a la reelección de la presidenta Dilma Rousseff.
De acuerdo con los últimos sondeos, Rousseff y Silva se encuentra técnicamente empatadas en la segunda vuelta, con una intención de voto en torno al 43 %.
Nacida hace 56 años en Breu Velho, una aldea amazónica en el estado de Acre, Silva, se presenta como representante de una «nueva política» y promete «cambios» en una eventual gestión, en la que dice que prescindirá de los partidos, para gobernar con «los mejores cuadros» de cada formación.
La socioambientalista, como ella mismo se ha descrito, conserva el peso de la juventud, 53 kilos, mantenidos a base de una estricta dieta marcada por un histórico de enfermedades contraídas cuando vivía rodeada de cultivos de caucho.
A los seis años su sangre fue contaminada por mercurio, sufrió cinco veces malaria y tres veces hepatitis. Tras agudizarse su enfermedad en la década de 1990, dejó la religión católica y se convirtió a la evangélica.
Analfabeta hasta los 16 años, la aspirante a la jefatura del Estado se preparó para ser monja, fue empleada doméstica, profesora y recibió el título universitario de historiadora antes de entrar a formar parte del mundo de la política de la mano del asesinado líder ecologista Chico Mendes, a quien ayudó a defender la Amazonía.
En 1988 se afilió al PT de Lula y fue elegida concejal de la ciudad de Río Branco, su primer cargo en una rápida ascensión que la llevó a la Cámara alta en apenas seis años, convirtiéndose en senadora con apenas 36 años.
María Osmarina Silva de Souza, a la que algunos llaman la «eco-capitalista» por su intento de combinar la defensa del planeta con el desarrollo económico, ocupó la cartera de Medio Ambiente durante el primer mandato de Lula.

