El documento, realizado por la Oficina Nacional de Defensa Pública (ONDP), señala hallazgos como deterioro estructural grave, deficiencia de servicios básicos, riesgo eléctrico, falta de medicamentos, acumulación de aguas negras y plagas entre la larga lista de desafíos del sistema penitenciario.
Daños estructurales
En materia de infraestructura, el estudio indica que “casi todos los centros tradicionales y varios del nuevo modelo” presentan filtraciones severas, grietas, humedad y presencia de moho en techos y paredes.
De manera generalizada, se precisa que la iluminación, tanto natural como artificial, es deficiente y la ventilación, insuficiente.
Asimismo, en al menos 21 centros hay internos que duermen en el suelo sobre cartones, sábanas o colchas debido a la falta de camas, mientras que en centros tradicionales y áreas de “goletas”, las instalaciones eléctricas improvisadas con cableado expuesto suponen un riesgo para el personal y los internos.
Falta de personal médico y medicamentos
Del mismo modo, los servicios de salud en las cárceles son precarios. El informe detalla que, específicamente en la mayoría de los centros tradicionales, hay importantes limitaciones relacionadas con la falta de personal médico, tanto galenos permanentes como enfermeras y personal de apoyo, así como psiquiatras y psicólogos.
“Los servicios psiquiátricos dependen mayormente de visitas ocasionales”, informa el estudio.
En ese orden, los centros carecen de medicinas esenciales para afecciones como la diabetes, la hipertensión y la salud mental, así como de equipos como glucómetros, esfigmomanómetros, balanzas y material de sutura.
Transporte y prisión preventiva
El documento también apunta que “numerosos centros” disponen de una sola unidad de transporte para poblaciones superiores a 500 internos, lo que dificulta los traslados a audiencias y centros de salud.
Mientras que en materia de derechos, el informe señala el alto porcentaje de presos preventivos, los cuales representan el 64.81 % de la población total y contribuyen a los niveles de hacinamiento.
Alimentación
Según esta investigación: “varios centros reportan largos períodos sin recibir víveres o leche”, al tiempo que señala un desbalance nutricional debido a una dieta basada principalmente en carbohidratos como el arroz y los espaguetis.
Asimismo, el estudio se centra en las cocinas donde se elaboran estas comidas, subrayando el deterioro avanzado en las áreas de preparación y almacenamiento, así como el mal estado de estufas y neveras.
Problemas específicos
El informe detalla problemas que no afectan a la población carcelaria de manera general, pero sí a algunos centros de manera específica. Tal es el caso de la escasez de agua potable, la falta de cloración o el almacenamiento en condiciones insalubres en los centros de Samaná, Azua y Pedernales.
Por otro lado, en Neyba, Barahona y La Victoria causan preocupación los sistemas de drenaje y pozos sépticos abiertos, así como el estancamiento de aguas negras.
La ONDP también retrató la existencia de chinches, cucarachas, ratas y mosquitos en el centro de Nagua, el CAPLIP de Santiago y Najayo Mujeres.
El estudio también critica el uso de las celdas de reflexión en centros como La Victoria y las cárceles de Santiago y San Pedro de Macorís, espacios que se describen como áreas de castigo sin luz, sin ventilación y en condiciones degradantes.
«La recurrencia de estas situaciones en múltiples establecimientos evidencia que no se trata de hechos aislados, sino de desafíos que presentan un carácter transversal dentro del sistema penitenciario evaluado, requiriendo atención prioritaria por parte de las autoridades competentes», concluye la ONDP al presentar su hallazgos.






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